Meteoros del Cometa Halley

4 05 2011

Abril 27, 2011: ¿Buscando aventuras? Levántese muy temprano por la mañana de este 6 de mayo y diríjase al campo, lejos de las luces de la ciudad. No estará solo. Los pajarillos estarán ya despiertos y cantando algunas coplas sobre el amanecer que llega y, desde luego, sobre la lluvia de meteoros eta Acuáridas.

Las eta Acuáridas se ven mejor desde el hemisferio sur del planeta, pero siempre tienen algo especial para ofrecer sin importar dónde usted viva: “Cada meteoro eta Acuárida es un trocito del Cometa Halley que hace una caída en picada suicida en nuestra atmósfera”, explica Bill Cooke, un astrónomo de la NASA. “Muchas personas nunca han visto este famoso cometa pero, en la mañana del 6 de mayo, podrán observar cómo algunos de sus remanentes dibujan trazas encendidas en el cielo”.

Mensajero de épocas tempranas del universo, el Cometa Halley completa una órbita alrededor del Sol cada 76 años. Cada vez que pasa cerca del Sol, el intenso calor solar evapora aproximadamente 6 metros de hielo y rocas del núcleo del cometa. Las partículas residuales de este proceso, cada una del tamaño aproximado de un grano de arena, se esparcen a lo largo de la órbita del cometa, llenándola así de minúsculos meteoroides.

“Aunque el Cometa Halley se encuentra por el momento en las profundidades del sistema solar exterior, y no regresará a la Tierra hasta el año 2061, nos deleita con una lluvia de meteoros dos veces por año, cuando nuestro planeta pasa por la nube de residuos”, dice Cooke. “En mayo tendremos la lluvia de meteoros eta Acuáridas, y en octubre tendremos la lluvia de meteoros Oriónidas”.

Y además hay algo especialmente significativo acerca de la lluvia de meteoros eta Acuáridas de 2011.

“Esta es su oportunidad del año para ver a los meteoros cruzar el cielo sin que el molesto brillo de la Luna los atenúe”.

Una delgada luna creciente se ocultará tras el horizonte en las primeras horas de la noche anterior, dejando de este modo un lienzo oscuro para cuando ocurra el despliegue. Los madrugadores están de suerte, ya que la mejor vista se dará una o dos horas antes del amanecer. Recuéstese donde pueda ver la mayor expansión de cielo posible para poder captar más meteoros con su visión periférica. Mire hacia arriba, en la oscuridad, y relájese.

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Una cámara para detectar meteoros brillantes (bolas de fuego) en el Centro Marshall para Vuelos Espaciales, de la NASA, captó el vuelo de este meteoro eta Acuárida en mayo de 2009. [Videos (en idioma inglés)

ver video en:

https://science.nasa.gov/media/medialibrary/2011/04/27/eta.avi

El radiante de la lluvia de meteoros eta Acuáridas está en la constelación de Acuario: ver un diagrama. Pero usted no necesita mirar hacia el radiante para ver los meteoros.

“Los meteoros pueden aparecer en cualquier parte del cielo”, dice Cooke. “De hecho, las colas de sus trazas tienden a apuntar hacia el radiante. De modo que si se mira en esa dirección, las trazas de los meteoros pueden parecer algo gruesas y cortas. Se verán mucho más largas aquellas trazas de los meteoros que se alejen de nuestra vista que las de aquellos que vengan hacia nosotros”.

Usted no necesitará usar binoculares o un telescopio para observar los meteoros eta Acuáridas. El campo de visión del ojo desnudo es usualmente ideal para ver meteoros, los cuales de vez en cuando dejan trazas que abarcan más de 45 grados a través del firmamento.

“Los meteoros eta Acuáridas son rápidos, con velocidades de 66 km/s (¡238.200 km/h o 148.000 millas/hora!) y, a menudo, dibujan largas trazas en el cielo, que en ocasiones dejan residuos brillantes y persistentes. En el hemisferio norte, dependiendo de la latitud en que usted se encuentre (cuanto más cerca del ecuador, mejor), podrá ver entre 10 y 40 meteoros antes del amanecer.

Recuerde llevar una silla reclinable, o una manta para recostarse, y tal vez sea bueno llevar también un termo con café caliente. Despues de todo, ¡usted estará despierto muy temprano! El aire nocturno de la primavera (que se vive ahora en el hemisferio boreal) puede ser húmedo y frío, así que traiga otra manta (o mejor aún, un enorme y lanudo perro) tanto para cobijarse como para estar acompañado. Los Golden Retriever resultan ideales para la ocasión.

Le aseguramos que será una experiencia memorable. La brisa nocturna acariciando sus mejillas, el aroma del café caliente en el aire de la madrugada, un coro cada vez más intenso de cantos de aves que acompañan su espectáculo de luz personal —y su más grande admirador a su lado. El evento no puede ser mejor.

Artículo cedido por.    Noticias Ciencia de la NASA

El Directorio de Ciencias del Centro Marshall para Vuelos Espaciales de la NASA patrocina el Portal de Internet de Science@NASA que incluye a Ciencia@NASA. La misión de Ciencia@NASA es ayudar al público a entender cuán emocionantes son las investigaciones que se realizan en la NASA y colaborar con los científicos en su labor de difusión.





Las naves espaciales Voyager se adentrarán en el espacio interestelar

4 05 2011

Abril 28, 2011: Después de más de 30 años de haber dejado la Tierra, las sondas espaciales gemelas Voyager (Viajero, en idioma español), de la NASA, se encuentran en los límites del sistema solar. No sólo están allí, sino que además siguen en funcionamiento. Y cada día envían de regreso a la Tierra un mensaje que, para los cientificos, es inquietante y a la vez emocionante.

El mensaje es: “Esperen lo inesperado”.

“Es extraño”, dice Ed Stone, de Caltech, quien es científico del Proyecto Voyager desde 1972. “Voyager 1 y 2 tienen un talento natural para hacer descubrimientos”.

Hoy, 28 de abril de 2011, la NASA dio una conferencia de prensa en la cual reflexionó sobre los logros de la misión Voyager, y ofreció un panorama de lo que les espera a las sondas conforme se preparan para adentrarse en los dominios de la Vía Láctea.

La aventura comenzó a fines de la década de 1970 cuando las sondas aprovecharon una alineación poco común de los planetas exteriores para iniciar su Gran Tour. Voyager 1 visitó a Júpiter y a Saturno, mientras que Voyager 2 sobrevoló a Júpiter, a Saturno, a Urano y a Neptuno. (Voyager 2 sigue siendo la única sonda que ha visitado a Urano y a Neptuno.)

Cuando se le pregunta cuáles fueron los descubrimientos más importantes de esos encuentros, Stone hace una pausa, no porque le falte material para responder, sino porque lo abruma la cantidad de respuestas posibles. “Es difícil escoger”, dice.

La lista parcial que dio Stone incluye el descubrimiento de volcanes en Io (una luna de Júpiter), evidencia de un océano debajo de la superficie congelada de Europa, indicios de lluvia de metano en Titán (una luna de Saturno), los erráticamente inclinados polos magnéticos de Urano y de Neptuno, géiseres de hielo en Tritón (una luna de Neptuno), vientos planetarios que son más y más rápidos cuanto más alejados estén del Sol.

“Cada uno de estos descubrimientos cambió la visión que teníamos de otros mundos”, dice Stone.

En 1980, Voyager 1 usó la gravedad de Saturno para impulsarse, como lanzada por una honda, fuera del plano del sistema solar. En 1989, Voyager 2 empleó una táctica semejante con Neptuno. Ambas sondas fijaron su curso hacia el vacío.

Navegar hacia el vacío parece ser un suceso en el cual hay poca actividad, pero los descubrimientos continuaron.

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ver video en:

http://www.nasa.gov/multimedia/videogallery/index.html?media_id=84295841

Stone lo explica comparándolo con la pileta para lavar los platos, en la cocina. “Abra la llave”, dice. “El punto donde cae el chorro de agua en la pileta, eso es el Sol, y la delgada capa de agua que fluye radialmente hacia afuera de ese punto es el viento solar. Observe cómo el Sol parece ‘inflar una burbuja’ a su alrededor”.

Esa burbuja realmente existe. Los investigadores la llaman la “heliosfera”, y tiene un tamaño descomunal. Conformada por plasma solar y campos magnéticos, la heliosfera es aproximadamente tres veces más ancha que la órbita de Plutón. Todo planeta, asteroide, nave espacial y forma de vida que pertenece a nuestro sistema solar se encuentra en su interior.

Las Voyager están intentando escapar, pero aún no están allí. Para darnos una idea de la ubicación en la cual se encuentran, Stone regresa a la pileta para lavar los platos, en la cocina: “Conforme se expande el agua (o el viento solar), se torna cada vez más delgada y deja de ejercer una presión significativa. De manera abrupta, se forma un anillo turbulento y lento. Ese anillo exterior es la heliofunda: allí es donde están las Voyager ahora”.

La heliofunda es un lugar muy extraño, repleto de una “espuma” magnética con la que ninguna otra nave espacial se ha encontrado antes, y donde hacen eco destellos de radio de baja frecuencia que sólo han sido escuchados en los confines exteriores del sistema solar, un lugar tan alejado de casa que el Sol es apenas un minúsculo punto de luz.

“La heliofunda no es, en muchos sentidos, como lo predecían nuestros modelos”, dice Stone.

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Las sondas Voyager se encuentran en la heliofunda.

En junio de 2010, Voyager 1 envió una transmisión a la Tierra que contenía un número sorprendente: cero. Esa es la velocidad radial del viento solar en el lugar donde se encuentra la sonda ahora. Nadie piensa que eso significa que el viento solar se ha detenido; quizás solamente se mueve en otra dirección. ¿Pero hacia dónde? Voyager 1 está intentando descifrarlo a través de una serie de maniobras que imitan una veleta, en las cuales cambia de dirección intentando seguir el rumbo local de la brisa. Parece que a la vieja nave espacial aún le quedan algunas jugadas por hacer.

Nadie sabe todavía con certeza cuántos kilómetros más tendrán que recorrer las sondas Voyager hasta liberarse de la heliosfera y adentrarse en el espacio interestelar. Sin embargo, la mayoría de los investigadores creen que falta muy poco. “La heliofunda tiene un espesor de 5 a 6 mil millones de kilómetros (3 a 4 mil millones de millas)”, según estima Stone. “Eso significa que saldremos de ella en aproximadamente cinco años”.

Queda todavía mucha energía para el resto del viaje. Ambas naves Voyager reciben su energía del decaimiento de una fuente térmica de Plutonio 238. Esto permitirá que los subsistemas cruciales sigan funcionando hasta al menos el año 2020.

Después de eso, dice, “las sondas Voyager serán nuestros silenciosos embajadores a las estrellas”.

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El Disco de Oro que se encuentra a bordo de las sondas Voyager.

Cada sonda, como es bien sabido, lleva a bordo un Disco de Oro, literalmente; es decir, un disco de fonógrafo hecho de cobre y bañado en oro. Contiene 118 fotografías de la Tierra; 90 minutos de la mejor música del mundo; un ensayo sonoro llamado Sonidos de la Tierra (con sonidos muy variados que van desde burbujeantes depósitos de lodo hasta el ladrido de un perro o el estruendoso lanzamiento del Saturno 5); saludos en 55 idiomas humanos y un lenguaje de ballenas; las ondas cerebrales de una joven mujer enamorada; y una salutación del Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas. Un equipo, que fue dirigido por Carl Sagan, confeccionó estas grabaciones como mensaje para civilizaciones extraterrestres que pudieran toparse con las naves espaciales.

“Dentro de mil millones de años, cuando todo lo que hemos construido en la Tierra se haya convertido en polvo, cuando los continentes hayan cambiado más allá de lo reconocible y nuestra especie haya sido alterada de manera inimaginable o se haya extinguido, los registros que hay a bordo de las naves Voyager hablarán por nosotros”, escribieron Carl Sagan y Ann Druyan en la introducción de la versión en CD del disco.

Algunas personas hacen notar que la probabilidad de que alienígenas encuentren el Disco de Oro es fantásticamente pequeña. Las sondas Voyager no se acercarán ni a unos pocos años luz de otra estrella durante los siguientes 40.000 años. ¿Cuáles son las probabilidades de hacer contacto en esas circunstancias?

Pero, por otro lado, ¿cuáles son las probabilidades de que una raza de primates haya evolucionado hasta convertirse en seres inteligentes, que hayan desarrollado el vuelo espacial y que hayan enviado el sonido de perros ladrando hacia el cosmos?

En efecto, hay que esperar lo inesperado.

Artículo cedido por.    Noticias Ciencia de la NASA

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Aumenta la actividad solar

24 04 2011

Abril 14, 2011: Si alguna vez ha estado parado frente a una estufa caliente, observando una olla con agua mientras esperaba con impaciencia que el líquido hierva, entonces sabe lo que se siente si se es un físico solar.

En 2008, el ciclo solar se sumergió en su más profundo mínimo solar en aproximadamente un siglo. Todas las manchas solares desaparecieron, las llamaradas solares disminuyeron y el Sol estuvo inquietantemente tranquilo.

“Desde entonces, hemos estado esperando un incremento en la actividad solar”, comenta Richard Fisher, quien es el jefe de la División de Heliofísica, en las oficinas centrales de la NASA, ubicadas en Washington DC. “Han sido tres largos años”.

El Observatorio de Dinámica Solar, de la NASA, registró esta llamarada solar de tipo X1.5, el 9 de marzo de 2011.

Los períodos de calma solar no son nada nuevo. Suceden aproximadamente cada 11 años; constituyen una etapa natural del ciclo solar. Sin embargo, este mínimo solar particularmente fue más largo de lo usual, provocando de esta manera que algunos investigadores se pregunten si en algún momento iba a terminar.

Noticia de último momento: La olla está comenzando a hervir. “Finalmente”, comenta Fisher, “estamos empezando a ver algo de acción”.

Durante el período que ha transcurrido en el año 2011, las manchas solares han regresado y están repletas de actividad. El 15 de febrero, y de nuevo el 9 de marzo, satélites en órbita alrededor de la Tierra detectaron un par de llamaradas solares de “tipo X” (el más poderoso tipo de llamaradas de rayos X). La última de tales erupciones ocurrió en diciembre de 2006.

Otra erupción, la cual tuvo lugar el 7 de marzo, lanzó una nube de plasma de mil millones de toneladas hacia afuera del Sol a una velocidad de 2.200 kilómetros por segundo (5 millones de millas por hora). La veloz nube expansiva no se movía en la dirección en la cual se encontraba la Tierra, sin embargo, provocó un impacto detectable en el campo magnético de nuestro planeta. El impacto indirecto, ocurrido el 10 de marzo, fue suficiente como para provocar que las auroras boreales se esparcieran por la frontera canadiense hasta el interior de algunos estados de Estados Unidos como: Wisconsin, Minnesota y Michigan.

Auroras sobre Grand Portage, Minnesota, 10 de marzo de 2011. Crédito y derechos de autor: Travis Novitsky

“Esa fue la eyección de masa coronal (coronal mass ejection o CME, por su sigla en idioma inglés) más veloz registrada en casi seis años”, comenta Angelos Vourlidas, del Laboratorio de Investigación Naval, en Washington DC. “Me recuerda a una serie de eventos similares que ocurrieron en noviembre de 1997, los cuales iniciaron el ciclo solar número 23, que es el ciclo solar que antecede al presente”.

“Para mí”, agrega Vourlidas, “esto marca el inicio del ciclo solar número 24”.

La lenta acumulación del evento, hasta llegar al presente, es más que tan sólo “la infructuosa observación de una olla que no hierve”, comenta Ron Turner, un analista del clima espacial de la firma Analytic Services. “En verdad, ha sido históricamente lenta”.

Desde que los investigadores comenzaron a registrar y a numerar los ciclos solares, a mediados del siglo XVIII, han ocurrido 24 de ellos. En un artículo recientemente aprobado para su publicación por la revista Space Weather Journal, Turner muestra que, durante todo ese tiempo, solamente cuatro ciclos solares han comenzado en un modo más lento que el actual. “Tres de ellos ocurrieron en el mínimo de Dalton, un período de depresión en la actividad solar que tuvo lugar a principios del siglo XIX. El cuarto fue el mismo ciclo 1, el cual se produjo alrededor del año 1755, también un período solar relativamente bajo”, agrega.

En este estudio, Turner utilizó las manchas solares como indicador principal para cuantificar la actividad solar. Las avalanchas recientes de manchas solares no afectan de manera sustancial sus conclusiones: “El ciclo solar número 24 es de lento inicio”, finaliza.

Más vale tarde que nunca.

Vea ScienceCast (videoclip informativo) sobre esta historia en YouTube: http://www.youtube.com/watch?v=iBl_FOONrB0

Artículo cedido por.    Noticias Ciencia de la NASA

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Dawn se aproxima al asteroide Vesta

15 04 2011

Abril 7, 2011: Después de tres años y medio de avanzar silenciosamente a través del vacío, la nave espacial Dawn (Amanecer, en idioma español), de la NASA, está en el umbral de un nuevo mundo. Se encuentra muy adentro del cinturón de asteroides, a menos de 4 meses del asteroide gigante Vesta.

“Nos estamos acercando”, dice Marc Rayman, jefe de ingeniería y director de la misión Dawn. “¡Y cada día estoy más emocionado!”

Dawn entrará en órbita alrededor de Vesta en julio de 2011, convirtiéndose de este modo en la primera nave espacial en orbitar un cuerpo en el cinturón de asteroides. Después de llevar a cabo un estudio detallado del inexplorado y extraño mundo, durante un año, la nave espacial será la primera en lograr algo aún más impresionante. ¡Dejará Vesta, volará hacia el planeta enano Ceres y entrará en órbita allí!

mejor suposición de los científicos hasta la fecha de cómo podría verse la superfcie del protoplaneta Vesta. "¡No podemos esperar a ver lo que en verdad sucede!", dice Marc Rayman. Pueden ver el video completo en, http://www.jpl.nasa.gov/video/index.cfm?id=974

“Esto no tiene precedentes”, afirma Rayman. “Ninguna nave espacial ha orbitado antes dos objetivos, y mucho menos mundos en el cinturón de asteroides. Pocas sondas han pasado a través de esta vasta región del espacio, pero ninguna ha podido detenerse y desarrollar un retrato fiel de sus residentes”.

Una nave espacial convencional obtiene impulso de un gran cohete y después marcha hacia su objetivo. Cargar suficiente combustible como para realizar cambios significativos en la velocidad o en la dirección a lo largo del camino haría demasiado difícil su lanzamiento.

Dawn es mucho más eficiente respecto de su combustible. Sus paneles solares, que poseen una envergadura de aproximadamente 20 metros (65 pies), recolectan energía del Sol para ionizar los átomos de gas xenón. Estos iones son expulsados silenciosamente por detrás de la nave mediante un fuerte campo eléctrico, produciendo de este modo un suave empuje. Las condiciones de carencia de peso y de fricción del vuelo espacial permiten que este efecto de fuerza sutil se acumule, por lo cual la nave espacial gana velocidad continuamente.

“A la larga, esta nave espacial alcanza una velocidad fantásticamente alta a la vez que consume muy poco material propulsor (usa solamente un kilogramo de xenón cada 4 días, a pesar de que sus motores están casi siempre activos)”.

¡Celebre el inicio del año de exploración de nuevos mundos por parte de Dawn con una Fiesta Vesta!

Con este sistema, Dawn ha ido silenciosa y gradualmente dándole forma a su órbita alrededor del Sol; lentamente, ha ido deslizándose en espiral hacia su objetivo, acercándose más y más en cada vuelta alrededor de él.

“En el momento en el cual la nave espacial se encuentre en los alrededores de Vesta, su órbita será muy parecida a la de los asteroides”, explica Rayman. “Por lo que, en su llegada, Dawn podrá deslizarse en órbita tan suavemente como se ha estado moviendo durante tres años y medio”.

Una nave espacial convencional entra en órbita de una manera dramática, en un instante que es digno de morderse las uñas. El equipo de la misión usualmente está reunido en el cuarto de control con sus ojos puestos en la telemetría para ver que la maniobra crítica final suceda tranquilamente.

“Con Dawn, no hay una gran maniobra, ni encendido, ni un momento crítico. La entrada en órbita de Dawn no será diferente de lo que la nave hace prácticamente la mayoría del tiempo, lo que está haciendo mientras usted lee este artículo. De hecho, cuando la nave Dawn entre en órbita, yo podría estar dormido. Si es viernes por la noche, podría estar bailando o si es sábado estaré fuera tomando fotografías de libélulas”.

Pero seguramente él estará en el cuarto de control de la misión cuando las fotografías comiencen a llegar.

“Será increíblemente emocionante mirar a Dawn aproximarse a Vesta. Seremos testigos de cómo la poco interesante mancha que aparece en las primeras imágenes distantes crecerá, a medida que nos acercamos cada vez más, hasta convertirse en un mundo de grandes dimensiones; y terminaremos ubicándonos a apenas 177 kilómetros (110 millas) de la superficie. ¡Eso es más cerca de lo que la Estación Espacial Internacional (EEI, por su sigla en idioma español o International Space Station – ISS, por su sigla en idioma inglés) está de la Tierra! Estaremos allí y, si no hay árboles altos, estaremos seguros”.

Después de explorar Vesta durante un año, la nave espacial Dawn dejará ese mundo rocoso tan suavemente como llegó allí, subiendo en espiral, alejándose gradualmente más y más, haciendo bucles cada vez más y más grandes, hasta que la gravedad del asteroide la deje suavemente en libertad. Una vez más, Dawn orbitará al Sol por sus propios medios, exactamente como lo está haciendo en este momento. Completará aproximadamente dos terceras partes de una vuelta antes de llegar a Ceres.

Allí, otra vez, se deslizará suavemente en órbita alrededor de un nuevo mundo, guiada por impulsos producidos por iones, los cuales son tan silenciosos como el espacio mismo.

“Incluso si imaginamos un sonido, éste sería el más débil de los susurros, el más suave de los suspiros. Sin embargo, este sonido revela el secreto para hacer una nave interplanetaria capaz de viajar y explorar extraños mundos distantes, llevando consigo los sueños de aquellos en la Tierra que esperan conocer el cosmos”.

Artículo cedido por.    Noticias Ciencia de la NASA

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La primavera es temporada de bolas de fuego

8 04 2011

Marzo 31, 2011: ¿Cuáles son los indicios que señalan la llegada de la primavera? Son tan familiares como un narciso que florece, el canto de un pájaro al amanecer, una súbita onda tibia producida por el Sol al atardecer.

Y, claro, no olvidemos los meteoros.

“La primavera es temporada de bolas de fuego”, dice Bill Cooke, quien trabaja en la Oficina de Medio Ambiente de Meteoroides, de la NASA. “Por razones que aún no entendemos por completo, la tasa de meteoros brillantes aumenta considerablemente durante las semanas cercanas al equinoccio vernal”.

Una bola de fuego primaveral capturada en vídeo, el 16 de marzo de 2009, por una cámara de la NASA que monitoriza todo el cielo, y que se encuentra ubicada en el Centro Marshall para Vuelos Espaciales (ver video,en http://science.nasa.gov/media/medialibrary/2011/03/31/springfireball.wmv)

Durante otras temporadas, una persona dispuesta a mirar el cielo desde el crepúsculo hasta el amanecer podría ver alrededor de 10 bolas de fuego esporádicas. Una bola de fuego es un meteoro cuyo brillo supera al del planeta Venus. Las bolas de fuego bombardean a la Tierra a medida que ésta se desplaza a través de las corrientes de escombros que flotan en el espacio: fragmentos de asteroides rotos y cometas en descomposición que se encuentran esparcidos por el sistema solar.

Las bolas de fuego son más abundantes durante la primavera. La tasa, por noche, se incrementa misteriosamente del 10% al 30%.

“Sabemos de este fenómeno desde hace más de 30 años”, dice Cooke. “No son sólo las bolas de fuego las que se ven afectadas. Las caídas de meteoritos (rocas que efectivamente logran alcanzar el suelo) son también más comunes durante la primavera1“.

Los investigadores que estudian el ambiente de meteoroides de la Tierra nunca han logrado encontrar una explicación satisfactoria para la cantidad adicional de bolas de fuego. De hecho, cuanto más analizan la cuestión, más extraña se torna.

Considere lo siguiente:

Existe un punto en el firmamento que se conoce como el “ápice del camino de la Tierra”. Dicho de manera simple, es la dirección en la que está viajando nuestro planeta. A medida que la Tierra gira en torno al Sol, el ápice describe un círculo en el cielo, realizando así una vuelta completa a través del Zodíaco cada año.

El ápice es importante porque es el punto de donde se supone que provienen los meteoros esporádicos. Si la Tierra fuese un automóvil, el ápice sería el parabrisas. Cuando un automóvil circula por una carretera en medio del campo, los insectos se acumulan en el cristal delantero. Lo mismo ocurre con los meteoroides que se encuentran en el camino de la Tierra.

Una cámara de la NASA destinada a detectar bolas de fuego, en el Centro Marshall para Vuelos Espaciales

Cada otoño, el ápice alcanza su punto más elevado en el cielo nocturno. Durante ese momento, se observa una abundante cantidad de meteoros esporádicos de brillo común; en algunas ocasiones, varias docenas por noche.

Lea eso de nuevo: cada otoño.

“El otoño es la temporada de los meteoros esporádicos”, dice Cooke. “Entonces, ¿por qué las bolas de fuego esporádicas son más comunes en primavera? Ese es el misterio”.

El experto en meteoroides Peter Brown, de la Universidad de Ontario del Oeste, menciona que “algunos investigadores creen que puede existir una variación intrínseca en la población de meteoroides a lo largo de la órbita de la Tierra, con una cantidad máxima de escrombros grandes que producen bolas de fuego cerca de la primavera y del principio del verano. Probablemente, no sabremos la respuesta hasta que aprendamos más sobre sus órbitas2“.

Para resolver este y otros misterios, Cooke está instalando una red de cámaras inteligentes destinadas a detectar meteoros alrededor de Estados Unidos, cuyo fin es fotografiar las bolas de fuego y triangular sus órbitas. Como se explica en la historia de Ciencia@NASA ¿Qué está golpeando a la Tierra?, Cooke está buscando sitios para instalar sus cámaras, y se alienta a los educadores en Estados Unidos a participar. Las observaciones en red de las bolas de fuego de primavera podrían ser la clave para revelar su origen.

“Podría tomar varios años recolectar suficientes datos”, advierte.

Hasta entonces, esto seguirá siendo un bello misterio. Salga y disfrute del cielo nocturno. Después de todo, estamos ya en primavera (en el hemisferio norte).

Artículo cedido por.    Noticias Ciencia de la NASA

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¿Vesta es realmente un asteroide?

6 04 2011

Marzo 29, 2011: El 29 de marzo de 1807, el astrónomo alemán Heinrich Wilhelm Olbers observó a Vesta como un diminuto punto de luz en el cielo. Doscientos cuatro años después, a medida que la nave espacial Dawn (Amanecer, en idioma español), de la NASA, se prepara para comenzar a orbitar este intrigante mundo, los científicos saben qué tan especial es, a pesar del debate que existe sobre su clasificación.

Muchos astrónomos consideran que Vesta es un asteroide porque forma parte del cinturón principal de asteroides, el cual se encuentra localizado entre Marte y Júpiter. Sin embargo, Vesta no es un miembro típico de esta aglomeración de escombros orbitantes. La gran mayoría de los objetos en el cinturón principal son objetos de peso pluma (miden 100 kilómetros de ancho o menos), cuando se los compara con Vesta, que es un coloso de 530 kilómetros de ancho.

“No creo que a Vesta se lo deba llamar asteroide”, dice Tom McCord, quien es un investigador adjunto del proyecto Dawn, en el Instituto Bear Fight, ubicado en Winthrop, Washington. “Vesta no solamente es mucho más grande, sino que además es un objeto evolucionado, a diferencia de la mayoría de los que denominamos asteroides”.

Un modelo del protoplaneta Vesta, llevado a cabo empleando las mejores estimaciones científicas del aspecto de su superficie que se tienen hasta la fecha. Dicho modelo fue creado como parte de un ejercicio para la misión Dawn, de la NASA.

La estructura dispuesta en capas de Vesta (núcleo, manto, corteza) es la característica clave que hace que Vesta sea más parecido a los planetas como la Tierra, Venus y Marte, que otros asteroides, comenta McCord. Al igual que los planetas, Vesta contenía suficiente material radiactivo en su interior cuando se formó a partir de la colisión y fundición de fragmentos. Esto liberó suficiente calor como para derretir la roca y permitir que las capas más livianas flotaran hacia la superficie. Los científicos llaman a este proceso “diferenciación”.

McCord y sus colegas fueron los primeros en descubrir que Vesta probablemente atravesó este proceso de diferenciación. El descubrimiento se llevó a cabo en 1972, cuando los detectores especiales de sus telescopios registraron por primera vez las señales características del basalto. Eso quería decir que el cuerpo tuvo que haber atravesado por un estado derretido en algún momento.

Oficialmente, Vesta es un “planeta menor”, un cuerpo que orbita al Sol pero que no es un planeta propiamente ni es un cometa. Pero como existen más de 540.000 planetas menores en nuestro sistema solar, esta denominación no lo distingue demasiado. Los planetas enanos, entre los cuales se encuentra el segundo destino de la nave espacial Dawn, Ceres, están en otra categoría, pero Vesta no se encuentra incluido como uno de ellos. En primer lugar, Vesta no es lo suficientemente grande.

Los científicos del proyecto Dawn prefieren considerar a Vesta como un protoplaneta debido a que es un cuerpo denso, con una estructura dispuesta en capas, que orbita al Sol, y a que se formó de manera similar a Mercurio, Venus, la Tierra y Marte, pero que por alguna razón nunca se desarrolló completamente. En la bamboleante historia del inicio del sistema solar, algunos objetos se convirtieron en planetas fusionándose con objetos del tamaño de Vesta. Pero Vesta nunca encontró una “pareja para el gran baile”, y el momento decisivo se le escapó. Quizás esto fue debido a la cercanía de Júpiter, la superpotencia gravitacional que habita sus alrededores, cuya presencia pudo haber perturbado las órbitas de los objetos circundantes y pudo haber robado de esta manera todas las parejas de baile.

Otras rocas espaciales que colisionaron con Vesta en el pasado le han desprendido pequeños trozos, los cuales se convirtieron en escombros que ahora forman parte del cinturón de asteroides y se conocen como Vestoides. Incluso cientos de ellos han llegado a la Tierra en forma de meteoritos. Pero Vesta nunca colisionó con un cuerpo lo suficientemente grande como para que eso lo afectara seriamente, de manera que permaneció intacto. Como resultado, Vesta es una cápsula del tiempo que remonta a una era pasada.

“Este pequeño y resistente protoplaneta ha sobrevivido al bombardeo del cinturón de asteroides durante 4.500 millones de años, lo que hace que su superficie sea, posiblemente, una de las superficies planetarias más antiguas del sistema solar”, dijo Christopher Russell, quien es el investigador principal de la misión Dawn, en la UCLA (sigla en idioma inglés de Universidad de California en Los Ángeles). “El estudio de Vesta nos permitirá escribir una historia mucho más certera de la juventud turbulenta del sistema solar”.

Los científicos e ingenieros de Dawn han diseñado un plan maestro con el fin de investigar estas características especiales de Vesta. Cuando Dawn llegue a Vesta, en julio de este año, el polo sur se encontrará bajo la plena luz solar, proporcionando de esta manera una vista clara de un gigantesco cráter que se encuentra allí. Ese cráter podría revelar la estructura dispuesta en capas de distintos materiales dentro de Vesta, los cuales nos dirán cómo evolucionó el cuerpo luego de su formación. Conforme las estaciones avancen durante la visita de 12 meses, la órbita que se ha planeado permitirá a Dawn confeccionar mapas del terreno previamente desconocido. La nave espacial realizará diversas mediciones, incluyendo datos de alta resolución sobre la composición, la topografía y la textura de la superficie. La nave también medirá el tirón gravitacional de Vesta, lo cual ayudará a conocer mejor su estructura interna.

“Los propulsores iónicos de Dawn nos están empujando suavemente hacia Vesta, y la nave espacial se está preparando para su gran año de exploración”, dijo Marc Rayman, quien es el ingeniero principal del proyecto Dawn, en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL, por su sigla en idioma inglés), de la NASA, en Pasadena, California. “Hemos diseñado nuestra misión con el fin de obtener el mayor provecho posible de esta oportunidad de revelar los apasionantes secretos de este mundo exótico e inexplorado”.

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Créditos: La misión Dawn, que se dirigirá a Vesta y a Ceres, está administrada para el Directorio de Misiones Científicas de la NASA, en Washington, por el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL, por su sigla en idioma inglés), una división del Instituto de Tecnología de California, ubicado en Pasadena. La misión Dawn es parte del Programa Discovery (Descubrimiento, en idioma español), el cual está administrado por el Centro Marshall para Vuelos Espaciales, de la NASA, en Huntsville, Alabama. La UCLA es responsable de la misión científica de Dawn. La firma Orbital Sciences Corporation (Compaña de Ciencias Orbitales), ubicada en Dulles, Virginia, diseñó y construyó la nave espacial Dawn. El Centro Aeroespacial Alemán, la Sociedad Max Planck, la Agencia Espacial Italiana y el Instituto Nacional de Astrofísica de Italia forman parte del equipo de la misión.

Artículo cedido por.    Noticias Ciencia de la NASA

El Directorio de Ciencias del Centro Marshall para Vuelos Espaciales de la NASA patrocina el Portal de Internet de Science@NASA que incluye a Ciencia@NASA. La misión de Ciencia@NASA es ayudar al público a entender cuán emocionantes son las investigaciones que se realizan en la NASA y colaborar con los científicos en su labor de difusión.





Momento histórico: una nave espacial orbita Mercurio

24 03 2011

Marzo 18, 2011: La nave espacial MESSENGER, de la NASA, se colocó exitosamente en órbita alrededor de Mercurio el pasado martes 17 de marzo, aproximadamente a las 9 p.m., hora del Este. Esta es la primera ocasión en la cual una nave espacial marca un hito científico y de ingeniería al orbitar al planeta más interior del sistema solar.

“Esta misión continuará revolucionando nuestro entendimiento de Mercurio durante el próximo año”, dijo Charles Bolden, quien es administrador de la NASA y quien estuvo presente en el control de la misión MESSENGER, en el Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins, en Laurel, Maryland, cuando los ingenieros recibieron los datos de telemetría que confirmaban la inserción orbital. “La ciencia que hace la NASA está reescribiendo los libros de texto. MESSENGER es un fantástico ejemplo de cómo nuestros científicos están encontrando innovadoras maneras de empujar la frontera del conocimiento humano”.

Concepto artístico de la nave espacial MESSENGER orbitando Mercurio.

A las 9:10 p.m., hora del Este, los ingenieros del Centro de Operaciones recibieron las anticipadas señales radiométricas que confirmaban el apagamiento nominal del motor principal y la inserción exitosa de la nave espacial MESSENGER en órbita alrededor del planeta Mercurio. La sonda MESSENGER (MErcury Surface, Space ENvironment, GEochemistry, and Ranging o Nave espacial para el estudio de la superficie, el ambiente espacial, la geoquímica y el cálculo de la distancia del planeta Mercurio), de la NASA, rotó hacia la Tierra a las 9:45 p.m., hora del Este, y comenzó a transmitir datos. Al revisar la información, los equipos de ingeniería y de operaciones confirmaron que la activación del motor principal se ejecutó nominalmente, y todos los susbsistemas informaron una activación limpia y sin errores registrados en la bitácora.

El motor que brinda el impulso principal de la nave MESSENGER se activó durante aproximadamente 15 minutos, a las 8:45 p.m., reduciendo de este modo la velocidad de la nave espacial en 3.104 kilómetros por hora (1.929 millas por hora) y permitiéndole así entrar en la órbita de Mercurio que se tenía planeada. El encuentro tuvo lugar a alrededor de 154 millones de kilómetros (96 millones de millas) de la Tierra.

“Lograr una órbita alrededor de Mercurio es, por mucho, el hito más grande desde que la sonda MESSENGER fue lanzada hace más de seis años y medio”, dijo Peter Bedini, quien es el administrador del proyecto MESSENGER en el Laboratorio de Física Aplicada (APL, por su sigla en idioma inglés). “Este logro es el fruto de una tremenda cantidad de trabajo llevado a cabo por parte de los equipos de navegación, los equipos de guía y control y los equipos de operaciones de la misión, que encaminaron la nave espacial en su travesía de 7.900 millones de kilómetros (4.900 millones de millas)”.

Durante las próximas semanas, los ingenieros del APL se concentrarán en asegurarse de que los sistemas de la nave espacial están todos funcionando correctamente en el duro ambiente térmico que existe en Mercurio. A partir del 23 de marzo, los instrumentos se encenderán y serán puestos a prueba, y el 4 de abril comenzará la fase científica primaria de la misión.

“A pesar de su cercanía de la Tierra, el planeta Mercurio ha permanecido comparativamente casi inexplorado durante décadas”, dijo Sean Solomon, quien es investigador principal de la misión MESSENGER, en el Instituto Cargenie de Washington. “Por primera vez en la historia, un observatorio científico está en orbita alrededor del planeta más interior del sistema solar. Los secretos de Mercurio, y las implicancias que éstos conllevan para la formación y la evolución de planetas similares a la Tierra, están a punto de ser revelados”.

El APL diseñó y construyó la nave espacial. El laboratorio administra y opera la misión para el Directorio de Misiones Científicas de la NASA, en Washington.

Artículo cedido por.    Noticias Ciencia de la NASA

El Directorio de Ciencias del Centro Marshall para Vuelos Espaciales de la NASA patrocina el Portal de Internet de Science@NASA que incluye a Ciencia@NASA. La misión de Ciencia@NASA es ayudar al público a entender cuán emocionantes son las investigaciones que se realizan en la NASA y colaborar con los científicos en su labor de difusión.